Beber las lágrimas (y seguir llorando)
Beber las lágrimas (y seguir llorando)
Y entonces me hundo, una y otra vez,
en el mar profundo de mis emociones.
Lamentos, tristezas, colores grises,
sombras color arcoíris.
La dicotomía es mi lengua madre.
¿Hablamos de ego? Sí.
¿De carencias? También.
De construcciones del inconsciente,
de lo simple que nunca fue simple.
Del eco que habita mi voz cuando me atrevo a usarla.
Asumir la rabia.
Beber el llanto.
Equivocarse.
Verse vulnerable.
Sentirse en caos mientras se anhela la calma.
Desnudarse sin sacarse la ropa.
Tocar el corazón,
sentir las vísceras
y escupirlas como un vómito.
Cerrar los ojos,
llorar,
y juntar lágrimas para beberlas.
Y luego seguir llorando,
para recolectar más.

Todo esto,
con el cuerpo contracturado.
Me acompaña la soledad.
Miro al espejo.
Acepto lo que mi cerebro construye,
aunque lo pongo en duda.
Porque pongo en duda la vida.
Ser tú mismo es el riesgo más grande que puedes tomar.
Los placeres se beben con culpa,
pero se beben.
Así se debe crear todo lo artístico:
con la sinceridad de una rebeldía valiente.
El olvido siempre te alcanza,
si no impactas con tu propia historia.
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